El CEO de Blockstream y pionero de Bitcoin, Adam Back, lanzó duras críticas contra la proliferación de imágenes inscritas en la blockchain de Bitcoin, conocidas como inscriptions u Ordinals, calificándolas de “JPEG spam” y advirtiendo que amenazan la misión principal de la red: ser dinero descentralizado, seguro y global.
Bitcoin bajo presión: 105 millones de imágenes inscritas
Los datos muestran que en septiembre ya existen más de 105 millones de imágenes inscritas en la red, un aumento del 20% desde mayo. Estas operaciones han generado más de 7,000 BTC en comisiones (unos 777 millones de dólares al precio actual), atrayendo la atención tanto de defensores como de críticos.
Los partidarios de los Ordinals argumentan que si los usuarios pagan por el espacio en bloques, la actividad es legítima dentro del ethos permissionless de Bitcoin. Además, señalan que los ingresos por comisiones refuerzan la sostenibilidad del sistema de minería, clave a medida que las recompensas por bloque se reducen cada cuatro años.
La postura de Adam Back: misión monetaria vs. saturación
Back sostiene que los beneficios para los mineros son mínimos y que los costos reputacionales superan con creces cualquier ganancia. Según sus cálculos, las inscripciones solo aportan alrededor de un 0,1% a las ganancias mineras, mientras que incrementan las tarifas, reducen la accesibilidad y desvían a Bitcoin de su función como dinero peer-to-peer.
Recordó además la experiencia de las guerras del tamaño de bloque (2015–2017), cuando la presión económica de los usuarios impidió que los mineros impusieran cambios unilaterales al protocolo. Para Back, Bitcoin es un bien “propiedad de la humanidad” y los desarrolladores deben actuar como “guardianes”, manteniendo el consenso social como eje central.
Comunidad dividida y posibles soluciones
La discusión refleja una fractura creciente en la comunidad Bitcoin:
- Defensores de los Ordinals: los consideran innovación, libertad de uso y un nuevo caso de negocio para la red.
- Críticos como Back: creen que saturan la blockchain, elevan los costos y debilitan la narrativa de Bitcoin como reserva de valor y dinero global.
Back ha sugerido varias medidas, desde incentivos económicos para que los pools y mineros rechacen estas transacciones, hasta ajustes en el software de monederos que redirijan comisiones a transacciones alineadas con la misión monetaria de BTC. Sin embargo, también advirtió que cualquier medida debe evitar riesgos de centralización y censura.
Conclusión
El debate sobre el “JPEG spam” es mucho más que una discusión técnica: refleja el choque entre Bitcoin como dinero sólido y Bitcoin como lienzo digital para usos alternativos. La postura de Adam Back revive una tensión histórica dentro de la red: innovación versus preservación del diseño original de Satoshi Nakamoto.
Lo que está en juego es el futuro de la identidad de Bitcoin en un mercado que ya lo reconoce cada vez más como un activo estratégico y, para algunos, como el nuevo dinero de reserva global.



