El presidente se sintió manipulado tras promocionar sin saberlo a un cliente del lobista Brian Ballard en Truth Social.
Un post que desató la furia presidencial
Una mañana de domingo a principios de marzo, el presidente Donald Trump aprobó la publicación de un mensaje en Truth Social en el que promovía una “Reserva Estratégica de Criptoactivos”. En el entorno político de Trump, figuras como Ballard, Susie Wiles y otros cercanos al presidente se mantuvieron al tanto de los desarrollos. Pocas horas después, se sintió engañado.
Durante ese fin de semana en Mar-a-Lago, una empleada de Ballard Partners —la firma de lobby dirigida por Brian Ballard— aprovechó un evento con donantes en el resort para insistir personalmente al presidente que apoyara públicamente a la industria cripto. Le entregó incluso un borrador del mensaje que debería publicar.
Solo después de difundir el post, Trump se enteró de que Ripple Labs, una de las empresas mencionadas en la publicación, era cliente de Ballard. Según dos fuentes cercanas al incidente, el mandatario se enfureció al darse cuenta de que había sido utilizado.
“Él [Ballard] no es bienvenido en nada más”, dijo Trump a sus allegados ese mes, de acuerdo con las fuentes.
Desde entonces, Brian Ballard ha sido considerado persona non grata en la Casa Blanca.
La caída de un influyente lobista trumpista
Brian Ballard ha sido uno de los lobistas más cercanos a Trump desde su llegada a Washington. Su firma acumuló 130 nuevos clientes desde las elecciones de noviembre, incluyendo gigantes como Chevron, JP Morgan, Netflix, Bayer, United Airlines y T-Mobile. Solo en los primeros tres meses de 2025, Ballard Partners facturó 14 millones de dólares en servicios de lobby —más del triple que el mismo periodo del año anterior.
Sin embargo, tras el incidente del post cripto, el equipo de la Casa Blanca instruyó a sus funcionarios a no reunirse con Ballard. Más allá del post, varios colaboradores de Trump consideran que Ballard ha exagerado su cercanía con el presidente y la jefa de gabinete Susie Wiles para atraer clientes.
“Una forma segura de quedar mal con el presidente es que piense que usas su nombre para lucrar”, comentó un aliado cercano de Trump.
Ballard negó haber sido congelado y rechazó haber promocionado indebidamente sus vínculos. No obstante, POLITICO verificó que algunos clientes suyos intentaron buscar otras vías para acercarse al círculo íntimo del presidente tras el episodio.
La publicación cripto: un error estratégico
Según fuentes cercanas, la empleada de Ballard en Mar-a-Lago presionó varias veces a Trump para publicar el mensaje, hasta que él accedió y delegó a su equipo su publicación. La reacción fue inmediata: David Sacks, el «zar cripto« de la Casa Blanca, llamó furioso a Susie Wiles para quejarse. La publicación destacaba a empresas específicas justo antes de una cumbre cripto oficial en Washington, lo que generaba un claro conflicto.
Al darse cuenta de la situación, Trump publicó un segundo mensaje agregando otras compañías del sector, pero el daño estaba hecho. Los asesores del presidente acusaron a Ballard de haber orquestado que su empleada manipulara al presidente para promocionar a su cliente.
Un lobista con historial mixto
Ballard, veterano recaudador de fondos y lobista republicano, estableció su firma en Washington tras la llegada de Trump al poder en 2017. Su cercanía histórica con Trump y con Susie Wiles —exempleada de su firma— le permitió posicionarse como un operador clave en la capital.
Entre sus éxitos recientes destaca la suspensión temporal del veto a TikTok, la exención arancelaria parcial para BMW y el retiro de una apelación judicial contra Ripple Labs, todos beneficios para sus clientes.
Sin embargo, la relación entre Ballard y Wiles ha sido tensa. Wiles dejó la firma en 2019 en medio de presiones políticas del entonces gobernador Ron DeSantis. Aunque públicamente ambos han restado importancia a la ruptura, fuentes cercanas indican que parte del círculo de Trump nunca dejó de desconfiar de Ballard.
Conclusión
El incidente del post sobre criptomonedas marcó un punto de inflexión en la relación entre Donald Trump y Brian Ballard. Aunque el lobista sigue acumulando clientes y recaudando fondos, su influencia directa en la Casa Blanca se ha debilitado seriamente. La lección es clara: incluso los aliados más veteranos de Trump corren riesgos si cruzan los límites de la confianza presidencial.



