A medida que el Congreso estadounidense retoma sus sesiones tras el receso de agosto, el debate sobre la creación de un dólar digital (CBDC) vuelve a ocupar un lugar central en la agenda regulatoria.
Privacidad vs. política
Los defensores del Anti-CBDC Surveillance State Act, aprobado en la Cámara de Representantes en julio y promovido por Tom Emmer, sostienen que un dólar digital podría ser una herramienta de vigilancia masiva. Según Emmer, sin las protecciones de privacidad que ofrece el efectivo, el gobierno tendría la capacidad de controlar y restringir las transacciones de los ciudadanos.
Sin embargo, expertos en políticas advierten que este enfoque es demasiado simplista. La Reserva Federal ha reiterado que no lanzará una CBDC sin autorización explícita del Congreso, y que cualquier diseño podría incorporar medidas sólidas de privacidad. Sheila Warren, CEO de Project Liberty Institute, señaló:
“Puedes diseñar una CBDC que proteja la privacidad o una que sea totalmente transparente. Son decisiones de diseño. Hoy, gran parte del debate tiene un trasfondo político y retórico”.
Divergencia internacional
La posición de EE. UU. contrasta con la de otras grandes economías:
- China ya ha desplegado su yuan digital.
- Unión Europea e India avanzan en programas piloto.
- EE. UU., en cambio, mantiene un enfoque marcadamente anti-CBDC bajo la actual administración y Congreso.
Warren diferenció entre CBDCs mayoristas (para liquidaciones interbancarias, donde sí ve sentido) y CBDCs minoristas (para el público general, que considera improbables en EE. UU.).
El auge de los stablecoins y el factor AI
La aprobación del GENIUS Act, que otorga un marco regulatorio a los stablecoins, cambia el panorama. Estos activos podrían convertirse en el motor de la economía digital y reducir la necesidad de una CBDC.
Warren añadió que los riesgos reales de privacidad no están en los CBDCs, sino en los datos que los ciudadanos entregan a diario, especialmente en el contexto de la IA. Recordó que empresas como GMC vendían información de conductores individuales, lo que calificó de “mucho más preocupante” que una eventual moneda digital emitida por el Estado.
Conclusión
El futuro del dólar digital en EE. UU. parece estar más marcado por la política que por la urgencia tecnológica. Mientras tanto, el crecimiento de los stablecoins y las preocupaciones sobre la privacidad de datos en la era de la inteligencia artificial podrían desviar la atención de un proyecto de CBDC minorista.



