La posible visita de Donald Trump a China en abril de 2026 abre la puerta a una relajación parcial de las tensiones y a un repunte moderado de la inversión china en EE. UU., aunque lejos de los máximos históricos de 2016.
Inversión china en EE. UU.: del auge al repliegue
Hace una década, la inversión china en Estados Unidos era bienvenida por gobiernos estatales y empresas. Grupos como WH Group (propietaria de Smithfield Foods) o Fuyao Glass llegaron a emplear a miles de trabajadores.
Ese flujo alcanzó su pico en 2016, con unos 42.000 millones de dólares, antes de desplomarse por deuda, desinversiones y crecientes tensiones geopolíticas.
La visita de Trump como catalizador
Según el analista Ken Jarrett (DGA–Albright Stonebridge Group), el viaje de Trump podría “inaugurar una mayor apertura” hacia la inversión china. Sectores con mayor potencial:
- Vehículos eléctricos y baterías
- Componentes de automoción
- Biotecnología y фарma
- Electrónica de consumo
- Energías limpias y agricultura
Empresas como BYD o el grupo Geely ya cuentan con presencia industrial en EE. UU., lo que facilita nuevas inversiones si el marco regulatorio lo permite.
Límites estructurales y riesgos
Aun con señales de distensión, los obstáculos políticos y regulatorios siguen siendo elevados. El propio Jarrett advierte que cualquier repunte estaría “muy por debajo” de los niveles de 2016 y que los flujos recientes incluso han sido negativos por ventas de activos.
Otras claves para China en 2026
- Relación EE. UU.–China: la tregua sería frágil; persistirán fricciones por tecnología, Taiwán y tierras raras.
- Consumo interno: Pekín seguirá hablando de estimularlo, pero con medidas limitadas.
- Sector privado: apoyo moderado para no comprometer la estabilidad.
- China–UE: aumento de tensiones comerciales por el crecimiento de exportaciones chinas a Europa.
Conclusión
La posible visita de Trump a China podría marcar un punto de inflexión táctico y permitir un repunte selectivo de la inversión china en EE. UU., especialmente en sectores estratégicos. Sin embargo, el contexto político y regulatorio sugiere que no habrá un regreso al “boom” inversor del pasado.



