La red ajusta su dificultad tras una fuerte desconexión de hashrate provocada por la presión económica sobre los mineros
El mayor ajuste negativo en casi cinco años
La red de Bitcoin registró su mayor caída en la dificultad de minado desde julio de 2021, cuando la prohibición de la minería en China forzó una desconexión masiva del hashrate global. En el último ajuste, la dificultad descendió un 11,16%, pasando de 141,67 T a 125,86 T, lo que supone uno de los diez mayores ajustes negativos en la historia del protocolo.

Precio bajo y costes energéticos disparados
El ajuste llega tras una combinación de factores adversos. Desde el máximo histórico de octubre de 2025, el precio de Bitcoin ha caído cerca de un 50%, mientras que una intensa ola de frío en Estados Unidos elevó el consumo energético y los costes operativos. Esta situación llevó a muchos mineros a apagar equipos que operaban por debajo del llamado shutdown price.
Caída y recuperación parcial del hashrate
Durante los momentos más críticos, el hashrate de la red descendió desde niveles cercanos a 1,1 ZH/s hasta mínimos alrededor de 800 EH/s. En las últimas semanas, sin embargo, se ha observado una recuperación parcial hacia la zona de 1,0–1,06 ZH/s, señal de que parte de la infraestructura sigue operativa pese a la presión sobre márgenes.

Solo los equipos más eficientes resisten
En el entorno actual, apenas unos pocos modelos de ASIC mantienen rentabilidad positiva. Destacan los equipos de última generación con eficiencias cercanas a 9,5 J/TH, capaces de seguir generando ingresos incluso con precios eléctricos relativamente elevados. El resto de la flota opera con márgenes mínimos o directamente en pérdidas no realizadas.
La resiliencia del protocolo
Pese a la magnitud del ajuste, el funcionamiento de Bitcoin no se ve comprometido. El protocolo está diseñado para adaptar automáticamente la dificultad cada 2.016 bloques, asegurando que el ritmo de emisión se mantenga estable independientemente del número de mineros activos.
Conclusión
La mayor caída de dificultad desde 2021 refleja el estrés actual de la industria minera, pero también confirma la robustez del diseño de Bitcoin. Aunque el entorno sigue siendo desafiante, el ajuste permite que la red continúe operando con normalidad mientras los mineros más eficientes resisten y el ecosistema se adapta a un nuevo equilibrio.



