Un plan claro antes de que llegue la amenaza
Investigadores de la Ethereum Foundation aseguran que la red ya ha completado aproximadamente un 20% del camino hacia la seguridad post-cuántica, mucho antes de que los ordenadores cuánticos representen una amenaza real.
Antonio Sanso, investigador criptográfico de la fundación, explicó que Ethereum tiene una hoja de ruta definida para migrar sus capas clave —ejecución, consenso y disponibilidad de datos— hacia esquemas resistentes a ataques cuánticos.
Seguridad post-cuántica como prioridad estratégica
Desde enero, Ethereum ha convertido la resistencia cuántica en una prioridad estratégica, creando un equipo específico liderado por Thomas Coratger y lanzando reuniones quincenales de desarrolladores centradas en este objetivo. Según Sanso, la fase de investigación está prácticamente resuelta y el foco ahora está en la ejecución progresiva durante los próximos años.
No es un único cambio, es una transformación completa
A diferencia de otras redes, Ethereum necesita actualizar varias capas del protocolo, lo que hace el proceso más complejo. Aunque la capa de ejecución es la más sencilla de migrar, consenso y data availability requieren cambios más profundos.
Sanso estima que, de forma agregada, el progreso ronda el 20%, aunque cada capa avanza a ritmos distintos.
Firmas más grandes y costes técnicos
Uno de los mayores desafíos son las firmas post-cuánticas, que pueden ser hasta 10 veces más grandes que las actuales (ECDSA). Esto implica mayores costes de gas y obliga a explorar soluciones como precompilados, account abstraction y el uso de pruebas ZK para comprimir datos.

¿Y si la computación cuántica llega antes de lo previsto?
Aunque el consenso general sitúa el riesgo real en la década de 2030, existe un escenario no descartable en el que la amenaza llegue antes. Por ello, Ethereum trabaja también en planes de emergencia, incluyendo hard forks que permitirían a los usuarios demostrar la propiedad de sus fondos y migrarlos a direcciones seguras.
Conclusión
Ethereum no da por sentada la seguridad futura y se está moviendo con antelación, algo poco habitual en infraestructuras financieras globales. Aun así, el propio equipo reconoce que el proceso será largo, complejo y dependiente del consenso de la comunidad. La red avanza, pero la transición completa aún está lejos.



