El fuerte apoyo del presidente Donald Trump hacia las criptomonedas ha reavivado una vieja pregunta: ¿sigue teniendo sentido el oro como activo refugio o ha llegado el momento de sustituirlo completamente por Bitcoin?
Un análisis de André Dragosch, jefe de investigación de Bitwise en Europa, muestra que la respuesta no es tan sencilla: ambos activos cumplen roles distintos en la gestión de carteras de 2025.
Oro: el refugio frente a caídas bursátiles
Históricamente, el oro ha sido el activo al que los inversores recurren en épocas de turbulencia bursátil. Su correlación a largo plazo con el S&P 500 se mantiene cercana a cero, y en fases de pánico suele volverse negativa.
En el mercado bajista de 2022, por ejemplo, mientras el S&P 500 cayó un 20%, el oro subió un 5%. Ese patrón refuerza su reputación como “valor refugio” en episodios de volatilidad accionaria.
Bitcoin: el contrapeso ante estrés en bonos
A diferencia del oro, Bitcoin ha mostrado debilidad durante crisis bursátiles, como la caída de más del 60% en 2022. Sin embargo, su comportamiento frente a los bonos del Tesoro de EE. UU. resulta más interesante.
Estudios señalan que BTC presenta baja o negativa correlación con los bonos soberanos. En escenarios de ventas masivas de deuda y subidas de rentabilidad —como en 2023—, Bitcoin ha resistido mejor que el oro, funcionando como cobertura frente al estrés fiscal y monetario.
Desempeño en 2025
Los datos de este año confirman esa división de roles:
- Oro: +30% YTD, impulsado por la volatilidad accionaria y riesgos geopolíticos.
- Bitcoin: +16,46% YTD, en un contexto de tensiones en el mercado de deuda y creciente adopción institucional vía ETFs.
- S&P 500: +10% YTD, lo que muestra que el oro ha brillado como refugio mientras BTC se consolidó como escudo frente al deterioro de los bonos.
La estrategia óptima: complementariedad
Bitwise concluye que no se trata de elegir entre uno u otro. El oro sigue siendo la cobertura más efectiva ante caídas bursátiles, mientras que Bitcoin ofrece protección cuando los mercados de deuda se ven presionados por déficits y tipos elevados.
El enfoque más sólido para los gestores en 2025 pasa por combinar ambos activos, aprovechando la complementariedad de sus correlaciones para mejorar la diversificación y los retornos ajustados al riesgo.



