Christian Catalini, economista y cofundador de Libra, advirtió que proyectos como Tempo de Stripe y Arc de Circle pueden repetir los mismos compromisos regulatorios que acabaron con Libra, sacrificando la descentralización en favor de estructuras corporativas tradicionales.
El legado de Libra y las primeras concesiones
Libra nació en 2019 como el gran intento de Facebook (hoy Meta) de crear una moneda digital global respaldada por una cesta de activos estables. Sin embargo, desde sus inicios enfrentó el rechazo de reguladores preocupados por la soberanía monetaria y la privacidad.
Según Catalini, que fue su economista jefe, el proyecto perdió su esencia en el momento en que se descartó el uso de billeteras autocustodiadas. Reguladores exigieron un “perímetro claro” con intermediarios responsables, eliminando la posibilidad de que los usuarios controlaran directamente sus fondos.
Esa decisión, recuerda, fue la primera señal de que Libra se transformaba en una red corporativa más, lejos del ideal abierto y descentralizado de las criptomonedas.
Arc y Tempo: ¿innovación o centralización?
Circle lanzó Arc en agosto de 2025, presentándolo como un Layer-1 diseñado para stablecoins. La red usa USDC como medio de pago de comisiones, integra un motor de divisas y promete finalidades en segundos. Está pensada para pagos transfronterizos, crédito onchain y mercados tokenizados.
Pocas semanas después, Stripe y Paradigm revelaron Tempo, un blockchain de pagos capaz de procesar más de 100.000 transacciones por segundo. Compatible con la EVM, permite pagar comisiones en cualquier stablecoin y ya cuenta con socios como Visa, Deutsche Bank, Revolut, Nubank, Shopify, OpenAI y DoorDash.
Ambos proyectos buscan llevar los pagos en stablecoins al mainstream, pero para Catalini esconden riesgos: “El trono tendrá nuevos ocupantes, pero seguirá siendo el mismo trono”.
El riesgo de repetir el sistema financiero tradicional
Catalini advirtió que estas cadenas corporativas no están creando un nuevo modelo, sino replicando el sistema financiero tradicional con otros actores en el centro. En lugar de reemplazar bancos y redes de tarjetas, podrían consolidar a las bigtech como los nuevos dueños de la infraestructura global de pagos.
También prevé que estas soluciones se fragmenten por bloques geopolíticos, con Occidente y Oriente desarrollando infraestructuras separadas, lo que frustraría la visión de un sistema financiero sin fronteras.
Para el cofundador de Libra, Tempo es un “referéndum sobre el fantasma de Libra”: si triunfa, probará que Libra fracasó por el momento histórico y no por su diseño, y confirmará que la descentralización radical ha quedado relegada frente a soluciones centralizadas más pragmáticas.



