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Las ambiciones de Trump sobre los minerales de Groenlandia reavivan la tensión geoestratégica en el Ártico

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El presidente de EE.UU., Donald Trump, anunció un marco de negociación sobre Groenlandia tras reunirse con el secretario general de la OTAN, reactivando el interés estadounidense por los minerales críticos y la posición estratégica del territorio en el Ártico.


Seguridad, defensa y minerales estratégicos

La propuesta contempla mayor cooperación en el Ártico y la posible instalación del sistema de defensa “Golden Dome”, además de acceso a minerales críticos como tierras raras, litio y grafito.

Groenlandia alberga reservas estimadas de 1,5 millones de toneladas de tierras raras, posicionándola como el octavo mayor reservorio mundial. Dos yacimientos destacan: Kvanefjeld y Tanbreez, ambos considerados estratégicos en el contexto de diversificación frente al dominio chino en refinado y procesamiento.

Petróleo y gas: potencial teórico, viabilidad limitada

Según estimaciones del Servicio Geológico de EE.UU., el territorio podría contener 7.800 millones de barriles de petróleo y 91,9 billones de pies cúbicos de gas natural, mayoritariamente offshore. Sin embargo, tras casi 50 años, no se ha desarrollado ningún campo comercial.

Los desafíos son significativos: temporadas de perforación limitadas a cuatro meses, infraestructura inexistente, costes de exploración que superan los 300 millones de dólares y precios del crudo que deberían situarse en rangos históricamente altos para justificar la inversión.

Obstáculos regulatorios y ambientales

El Parlamento groenlandés bloqueó proyectos como Kvanefjeld debido a concentraciones elevadas de uranio, estableciendo límites estrictos en 2021. Además, el 80% del territorio está cubierto por hielo, lo que dificulta exploración y logística.

La falta de carreteras y redes ferroviarias fuera de los principales núcleos urbanos obliga a depender de transporte marítimo y aéreo, incrementando costes operativos.

Implicaciones geopolíticas

El Ártico se consolida como punto crítico en la competencia entre Occidente y el eje Rusia–China, que cooperan en rutas marítimas y presencia militar.

No obstante, cualquier intento de apropiación directa del territorio generaría fricciones profundas con Dinamarca y con aliados europeos, poniendo en riesgo la cohesión de la OTAN.

Conclusión: Groenlandia no es un “activo inmediato”, sino un proyecto geoeconómico de largo plazo con enormes costes, riesgos políticos y complejidades técnicas. Para Washington, su atractivo radica tanto en la seguridad estratégica del Ártico como en la diversificación de minerales críticos, más que en retornos energéticos inmediatos.

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