La empresa ha comprometido más de 1,4 billones de dólares en acuerdos de computación sin respaldo suficiente, pero su CEO no asumirá las consecuencias financieras directas
OpenAI, liderada por Sam Altman, ha cerrado acuerdos colosales con gigantes tecnológicos como Microsoft, Nvidia, AMD, Oracle, Broadcom y Amazon, comprometiéndose a gastar 1,4 billones de dólares en centros de datos durante los próximos años.
La cifra contrasta con los 20.000 millones de dólares en ingresos anuales proyectados para 2025, lo que plantea la gran pregunta: ¿qué pasaría si OpenAI no puede pagar sus compromisos?
Altman no arriesga su propio capital
A pesar del riesgo, Sam Altman no tiene participación financiera directa en OpenAI, ni la tendrá tras su conversión en corporación de beneficio público.
“Está asumiendo compromisos sabiendo que no enfrentará consecuencias personales, porque no posee una participación económica”, explicó Ofer Eldar, profesor de gobernanza corporativa en la Universidad de California, Berkeley.
Esto significa que, aunque OpenAI no cumpla con sus obligaciones o incluso entre en bancarrota, Altman no responderá con su patrimonio, limitando su riesgo al reputacional.
“Puede comprometer un billón, diez billones o cien billones. Si no lo usa, renegocia o se retira”, resumió el analista Gil Luria de D.A. Davidson.
Contratos flexibles y renegociaciones inevitables
Los acuerdos multimillonarios con proveedores de computación incluyen cláusulas de uso parcial, plazos extendidos y opciones de cancelación, lo que permite a OpenAI ajustar sus pagos según necesidad.
Ejemplo: el contrato con CoreWeave, valorado en 22.400 millones de dólares, puede rescindirse por cualquiera de las partes “por causa justificada”, como retrasos o incumplimientos.
Asimismo, el compromiso de comprar 6 GW en chips de AMD, estimado en 90.000 millones, depende del rendimiento de OpenAI y del precio de las acciones de AMD, más que de desembolsos directos en efectivo.
Según expertos, estas condiciones sugieren que OpenAI pagará solo una fracción del total anunciado.
“Las cifras parecen enormes, pero la mayoría de los contratos de data centers se facturan por uso real. Los montos son proyecciones de capacidad, no obligaciones fijas”, explicó el analista Daniel Golding.
Un modelo de riesgo compartido
Los proveedores tampoco tienen interés en que OpenAI quiebre: “Renegociar es mejor que perder al cliente más importante”, indicó Luria.
Además, los contratos están entrelazados: Nvidia ya se comprometió a comprar capacidad no utilizada de CoreWeave, garantizando ingresos incluso si OpenAI no consume toda la computación contratada.
El efecto dominó es evidente: tras cada anuncio de acuerdo con OpenAI, las acciones de estas empresas tecnológicas han subido —Amazon, Nvidia, Oracle y Broadcom ganaron en conjunto 636.000 millones de dólares en capitalización de mercado tras sus respectivos anuncios.
El problema estructural: crecimiento irreal
Para cumplir con sus compromisos, OpenAI tendría que generar 577.000 millones de dólares en ingresos en 2029, una cifra similar a los ingresos proyectados de Google ese año, según el inversor Tomasz Tunguz.
“Son números demenciales”, afirmó. Aun así, Altman defiende su apuesta: “El riesgo de no tener suficiente computación es mayor que el de tener demasiada”, declaró.
Qué pasaría si OpenAI no puede pagar
En el escenario extremo de una quiebra, los primeros en cobrar serían los acreedores (como JPMorgan, Citi o Goldman Sachs, que le concedieron una línea de crédito de 4.000 millones de dólares), seguidos de los accionistas preferentes y, en último lugar, los accionistas comunes.
El principal beneficiario sería Microsoft, que posee un 27 % de la empresa y ha invertido 11.600 millones de dólares. Además, OpenAI está comprometida a comprar 250.000 millones en servicios de Azure, lo que garantiza que Microsoft recupere parte de su inversión incluso si OpenAI se reestructura.
Un líder sin riesgo financiero, pero con presión histórica
Altman ha sido siempre partidario del crecimiento desmedido: “Escalar antes de que tenga sentido es tremendamente valioso”, dijo a empleados de su compañía Worldcoin.
Su filosofía se centra en las leyes de escalado: más recursos computacionales = modelos más inteligentes. Para él, el mayor peligro no es gastar demasiado, sino quedarse atrás.
Aun así, los analistas advierten que su falta de exposición financiera plantea problemas de gobernanza.
“Permitimos que figuras carismáticas actúen fuera de las reglas del riesgo porque las vemos como visionarios. Pero cuando algo sale mal, nunca son ellos quienes pagan”, señaló la profesora Jo-Ellen Pozner de la Universidad de Santa Clara.
Conclusión
OpenAI está llevando al límite la economía del cómputo, con compromisos que superan con creces su capacidad financiera.
Sin embargo, la estructura de sus contratos, el apoyo de sus socios y la ausencia de riesgo personal para Altman hacen que el CEO no esté “en el gancho” si la apuesta sale mal.
Para el mercado, la pregunta no es si OpenAI puede pagar todo lo prometido, sino si podrá mantener su liderazgo en IA antes de que la factura llegue a vencimiento.



