El presidente de EE. UU. intensifica la presión sobre Ucrania horas antes de la reunión clave en la Casa Blanca.
La presión aumenta antes del encuentro
Horas antes de recibir a Volodímir Zelenski en Washington, el presidente estadounidense Donald Trump endureció su postura. En un mensaje en su red social, instó al líder ucranio a aceptar un acuerdo de paz con Moscú que implicaría renunciar a la recuperación de Crimea y a la adhesión de Ucrania a la OTAN.
Trump afirmó que el final de la guerra “depende ahora de Kiev”, y repitió la idea de que Zelenski “puede acabar la guerra casi inmediatamente si quiere, o seguir peleando”.
Reuniones en la Casa Blanca
La agenda oficial marca que Zelenski llegará al mediodía junto con varios líderes europeos. Está previsto un encuentro bilateral con Trump en el Despacho Oval y, posteriormente, una reunión conjunta en la Sala Este con los mandatarios europeos.
Trump, en redes, calificó la cita como un “gran honor” al recibir simultáneamente a tantos líderes europeos.
Ecos del plan ruso
El endurecimiento del discurso de Trump llega tras su reciente cumbre en Alaska con Vladímir Putin, donde el mandatario estadounidense pareció alinearse con algunas de las exigencias del Kremlin.
El plan ruso transmitido por Trump a sus aliados contempla:
- Control completo del Donbás por parte de Moscú, incluyendo zonas actualmente bajo dominio ucranio.
- Bloqueo permanente de la entrada de Ucrania en la OTAN.
- Limitaciones drásticas al suministro de armamento occidental.
La posición de Kiev y Europa
Zelenski respondió señalando que la paz “debe ser duradera” y que Rusia debe asumir la responsabilidad de la guerra iniciada. Recordó que la cesión de Crimea en 2014 no detuvo la agresión, sino que fue usada como plataforma para nuevas invasiones.
El presidente ucranio llegó acompañado de una fuerte representación europea: Ursula von der Leyen, Emmanuel Macron, Friedrich Merz, Giorgia Meloni, Keir Starmer, Alexander Stubb y Mark Rutte, entre otros.
El objetivo común de los europeos es mostrar unidad y dejar claro a Washington que la seguridad del continente está en juego y que la paz no puede decidirse solo entre EE. UU. y Rusia.



