El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha firmado una nueva orden ejecutiva que modifica sustancialmente la estructura arancelaria del país. La medida retrasa la entrada en vigor general al 7 de agosto y distingue entre países según acuerdos comerciales, balanza bilateral y criterios políticos.
Aranceles diferenciados según superávit, déficit y acuerdos
La nueva estrategia de Washington introduce una doble escala base:
- Países con superávit comercial con EE. UU.: 10%
- Países con déficit comercial frente a EE. UU.: 15%
Estos porcentajes se aplican solo a países que no hayan alcanzado acuerdos con Washington. Aquellos con pactos vigentes —como la Unión Europea, el Reino Unido y China— están exentos. También se excluyen países donde la tensión comercial tiene motivaciones políticas, como Canadá y Brasil, que mantienen sanciones específicas fuera de esta escala.
Reino Unido y UE logran acuerdos para reducir el impacto
Reino Unido fue el primer país en cerrar un acuerdo, firmado el 8 de mayo, que redujo los aranceles del 25% al 10% sobre automóviles británicos, eliminó tasas sobre acero y aluminio, y abrió sectores como carne de res y agricultura.
La Unión Europea, por su parte, pactó el 27 de julio una reducción arancelaria general al 15%, a cambio de compromisos económicos estratégicos:
- Compra de energía estadounidense por $750.000 millones
- Inversión de $600.000 millones en EE. UU.
- Refuerzo en la adquisición de material militar norteamericano
La Casa Blanca argumenta que estos acuerdos cumplen con los objetivos de seguridad nacional y equilibrio económico, elementos centrales de la doctrina geoeconómica impulsada por Trump.
Geopolítica, comercio y presión bilateral
La nueva estructura no solo responde a desequilibrios económicos, sino también a prioridades geopolíticas. Los países que no presentaron avances concretos en comercio o defensa estratégica enfrentan aranceles del 25% al 50%, dependiendo del sector.
Con esta reorganización, Washington busca maximizar su posición de negociación global, consolidando aliados estratégicos e incrementando la presión sobre economías que, según la Casa Blanca, se benefician de un comercio asimétrico.



