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OpenAI bloquea cuentas de ChatGPT vinculadas a una operación de influencia prorrusa

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OpenAI asegura haber desmantelado un grupo de cuentas que utilizaba ChatGPT para producir y distribuir contenido favorable al Kremlin, incluyendo material relacionado con un supuesto think tank israelí que habría utilizado nombres de investigadores reales sin su autorización.


OpenAI detecta una operación de influencia prorrusa

OpenAI ha bloqueado un grupo de cuentas de ChatGPT que, según la compañía, formaban parte de una operación de influencia destinada a promover narrativas favorables a Rusia y críticas con países occidentales.

Los responsables habrían utilizado VPN para eludir las restricciones de acceso desde Rusia y posteriormente empleado herramientas de inteligencia artificial para generar contenido destinado a redes sociales.

Uno de los elementos centrales de la investigación fue el International Burke Institute (IBI), una organización que se presenta como una comunidad internacional de expertos con sede en Israel.

Según OpenAI, el instituto constituía una pieza central de la operación de influencia investigada.

Un supuesto think tank con investigadores reconocidos

El caso adquiere mayor relevancia por la utilización de identidades académicas reales.

El International Burke Institute presentaba entre sus colaboradores o expertos nombres reconocidos del mundo académico, incluyendo figuras como Noam Chomsky y Francis Fukuyama.

Sin embargo, la investigación encontró importantes irregularidades.

Algunos académicos aparentemente desconocían que sus nombres estaban siendo utilizados, mientras que el sitio también llegó a mostrar como expertos a personas que habían fallecido antes de la creación del propio instituto.

Entre ellas figuraban Shlomo Avineri y Jiang Ping.

OpenAI detectó artículos atribuidos a autores incorrectos

La investigación de OpenAI analizó 36 artículos publicados por el instituto.

Según la compañía, 34 de los 36 eran artículos académicos reales atribuidos incorrectamente a otros autores.

Uno de los casos señalados involucraba un artículo legítimo relacionado con políticas migratorias que originalmente procedía del Migration Policy Institute.

El contenido apareció posteriormente en la web del Burke Institute atribuido a Kate Howell, profesora de ciencias alimentarias de la Universidad de Melbourne, incluyendo una fotografía obtenida de internet.

Tras hacerse pública la investigación de OpenAI, la atribución del artículo fue modificada para mostrar a una de sus autoras reales.

Investigadores niegan cualquier relación con el instituto

Otro de los nombres utilizados fue el de Susan Ariel Aaronson, profesora de asuntos internacionales de la Universidad George Washington.

Un trabajo legítimo escrito por Aaronson para el Centre for International Governance Innovation apareció en la plataforma.

Sin embargo, la académica aseguró a Fortune que no mantenía ninguna relación con el International Burke Institute.

El episodio plantea un problema especialmente delicado para el ecosistema de información generado con inteligencia artificial: contenido auténtico puede combinarse con identidades reales y atribuciones falsas para construir organizaciones aparentemente legítimas.

El instituto rechaza las acusaciones

El International Burke Institute ha negado que estas evidencias demuestren que sea una organización ilegítima.

Tras investigaciones periodísticas sobre las acusaciones de OpenAI, el instituto sostuvo que el hecho de que terceros utilicen sus publicaciones, su nombre o datos procedentes de su denominado Sovereignty Index no demuestra por sí mismo coordinación, financiación o una finalidad común.

Por tanto, existe una diferencia clara entre las posiciones de ambas partes: OpenAI identifica al instituto como núcleo de una operación rusa de influencia, mientras el IBI rechaza esa caracterización.

Un “índice de soberanía” favorable a Rusia

Otro elemento destacado por OpenAI fue el llamado Sovereignty Index publicado por la organización.

Según la investigación de la compañía, este índice presentaba resultados favorables a Rusia.

La web del instituto habría sido registrada en febrero de 2025, aunque una revisión histórica citada por Fortune indicó que no aparecía contenido publicado hasta octubre de ese mismo año.

OpenAI también señaló que varias personas localizadas en Israel habían representado públicamente al instituto mediante entrevistas y participación en conferencias.

La IA se convierte en una nueva herramienta para las campañas de influencia

El caso demuestra cómo las operaciones de influencia pueden incorporar inteligencia artificial generativa dentro de estructuras más amplias.

ChatGPT no sería necesariamente el origen de la campaña, sino una herramienta utilizada para generar y escalar contenido que posteriormente puede distribuirse mediante páginas web, redes sociales y otras plataformas.

La utilización de investigaciones académicas legítimas y nombres de expertos reales añade otra capa de sofisticación: permite que contenidos manipulados adquieran una apariencia inicial de autoridad.

OpenAI refuerza su lucha contra el uso malicioso de ChatGPT

La eliminación de estas cuentas forma parte de los esfuerzos de OpenAI para detectar campañas coordinadas que utilizan sus modelos con fines de manipulación informativa.

El episodio también evidencia uno de los principales desafíos de la inteligencia artificial generativa: las mismas herramientas capaces de acelerar investigación, productividad y creación de contenido también pueden utilizarse para industrializar campañas de desinformación o construir identidades institucionales aparentemente legítimas.

En este caso, OpenAI optó por bloquear las cuentas que identificó como vinculadas a la operación.

El enfrentamiento entre plataformas de IA y redes coordinadas de influencia apunta así a convertirse en una parte cada vez más importante de la seguridad digital global.

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